La conformidad con lo dado, con lo genérico, es un instrumento muy
poderoso para perpetuar la realidad social imperante. Nos educan y
nos socializan en aceptar lo establecido, lo dado y lo narrado. Las
mujeres nos acostumbramos a tender a parecernos a las musas de los
hombres, a imitar a aquellas deseadas y valoradas en nuestras
sociedades, a transmutarnos en símbolos del poder masculino.
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