Vivir
a la sombra de otros. Sentir que nuestra vida no nos pertenece. Vivir
como si estuviéramos viviendo. ¡No! Tu
espacio-tiempo: tu vida. ¿Qué quieres hacer?
sábado, 23 de febrero de 2019
lunes, 11 de febrero de 2019
sábado, 2 de febrero de 2019
El
prejuicio de la supuesta inferioridad del sexo femenino pesa como una
losa en nuestro caminar día a día, dificulta nuestro desarrollo,
nos vacía en el ser mujer. Se hilvana de forma explícita e
implícita en los sistemas de representación de los sexos. Si las
mujeres recurrimos a esos sistemas de representación, solo nos resta
negar lo que somos, por no disponer de palabras que lo expresen
rescatándolo de lo inconsciente indeterminado, mudo y sin nombre.
Así, las mujeres aceptamos llevar la equivocación en nosotras
mismas, que somos fallidas e inadecuadas en nuestro ser sexuado y
sexual. Es el malestar que no tiene nombre. Habitamos un espacio de
exclusión simbólica, interna al orden establecido, es decir, que
forma parte de ese orden y lo mantiene. En dicho orden, las mujeres
carecemos de un discurso propio, salvo para la queja y la protesta
ineficaz, que corroboran y fortalecen todavía más lo establecido.
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