domingo, 17 de marzo de 2019

Nuestra mala educación para vivir la propia narración existente es una prisión mental, que nos constriñe más que cualquier otra externa y real. Se nos enseña a temer y a sentirnos culpables si nos alejamos de las normas establecidas, de los estereotipos internalizados en nuestro proceso de socialización, los cuales nos dictan cómo debemos ser las mujeres, ignorando con frecuencia cómo somos. No es de extrañar, pues los estereotipos son composiciones que nacen en un orden de cosas determinado, contribuyendo a su perpetuación; no son subversivos, son conservadores de dicho orden.

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