El
miedo en la mujer se fomenta y se sustenta social y culturalmente
porque favorece la perpetuación del orden establecido entre los
sexos, le interesa al grupo dominante para seguir siéndolo. La
victimización de la mujer contribuye a mantener al sexo femenino
bajo el control masculino, y, en esto, consciente o
inconscientemente, colaboramos también las mujeres. Sentirnos
víctimas es una trampa para las mujeres y no deberíamos caer en
ella; nos incapacita para ser.
¿Qué pasaría si dejáramos de colaborar en nuestra sostenida
reducción como sujetos existentes?
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