Si
las mujeres nos creemos débiles, actuaremos y nos comportaremos como
si esto fuera verdad. Imperceptiblemente, confirmaremos esta falaz
creencia en nuestro vivir y, sin querer, contribuiremos a perpetuar
un orden de cosas que nos daña en lo más profundo, ignorando lo que
somos las mujeres. Así ejecuta la violencia simbólica su aplastante
efecto.
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