viernes, 4 de enero de 2019

El hábito existencial se incrusta en la carne sexual sintiente y pensante que somos. Las vivencias nos moldean en nuestro ser. El hábito en el ser mujer en una sociedad dada se forma paulatinamente y condiciona nuestro cuerpo-palabra relacional, de manera sutil se hace carne existente. La inferioridad sentida y vivida en un orden social injusto cosifica a las mujeres sin que seamos conscientes de lo que sucede, nos hace agachar la cabeza y bajar la mirada.

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