El
hábito existencial se incrusta en la carne sexual sintiente y
pensante que somos. Las vivencias nos moldean en nuestro ser. El
hábito en el ser mujer en una sociedad dada se forma paulatinamente
y condiciona nuestro cuerpo-palabra relacional, de manera sutil se
hace carne existente. La inferioridad sentida y vivida en un orden
social injusto cosifica a las mujeres sin que seamos conscientes de
lo que sucede, nos hace agachar la cabeza y bajar la mirada.
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